Virtud ante la Adversidad. Cheles 1931


Virtud Ante la Adversidad, Cheles 1921




Una de las fechas más propicias para que la gripe haga acto de presencia en las vidas de las personas, suelen ser los meses de invierno. Con fecha 22 de febrero de 1931, hubo en Cheles un brote de gripe importante, que hizo que el Gobernador Civil de la provincia obligara al ayuntamiento a tomar serias medidas contra los estercoleros ubicados dentro de la población. El alcalde del momento D. Carlos de la Rosa Correa y su equipo de tenientes alcaldes formado por: D. Juan Rangel Herrera y D. Julio López Rodríguez, dictaminaran, en función de mandato superior, se lea la carta del Gobernador instando, se adopten medidas para prevenciones de la epidemia gripal que en ese momento estaba atacando a la población.

En vista de la urgencia del caso y al no haberse retirado de la vía pública los estercoleros que existían en las callejas y otros espacios inmediatos al casco de la población, se pedía, que en veinticuatro horas se contrate el carro de Manuel Torrado Huertas al precio de quince pesetas diarias; y un jornalero para que le ayudase al carrero a cargar y descargar el vehículo, ganando tres pesetas diarias. Se retiraron los diferentes basureros en catorce días.

En esos mismos momentos nos encontramos con casos curiosos que necesitan el apoyo del consistorio para poder dar soluciones a los mismos. Uno de ellos es el de una pobre forastera llamada Felisa Ortiz, que encontrándose en Cheles le va a dar un ataque cerebral y como carecía de domicilio, se le busco un espacio donde poderse albergar y una persona que la cuidase. El ayuntamiento entendió, que no se podía consentir, que la pobre enferma quedase en completo desamparo, y el médico indicó: que ante la mala situación en la que se encontraba, lo mejor era que fuese asistida en casa de alguna persona previo pago. La doliente fue hospitalizada en el domicilio de Margarita Pitera González, a la que se le pagaba dos pesetas diarias por asistirla. El ayuntamiento tubo que comprar ropa y un jergón para una cama, así como alimentos y medicamentos para la enferma. Una buena labor social a la que hoy llamaríamos ayuda a domicilio, y que al menos, sirvió para que la foránea estuviese dignamente asistida en su situación.

1931 no fue un año fácil de sobrellevar para la población, muchos vecinos necesitaban recurrir a pagos ofrecidos por el consistorio para poder sobrevivir ante la adversidad del campo, que ofrecía nada o muy poco a quién necesitaba de él. Algunos vecinos, animados por el pago que daba el concejo por la muerte de animales considerados dañinos, decidían buscar esas entradas económicas saliendo al campo en busca de estas piezas. Manuel Salguero Angoña recibiría dos pesetas por la muerte de un águila y Manuel Valencia lo mismo, por haberle quitado la vida al mismo animal que mató su paisano anterior.

Manuel Valencia, aspirante en estas fechas a ocupar el cargo de secretario del ayuntamiento, necesitaba llevar acabo sus oposiciones en Madrid, explicando al consistorio que necesitaba de ellos para poder conseguir su objetivo. Redactó una instancia que elevo a la municipalidad, se leyó, y los miembros de la Comisión Gestora entendieron la solicitación que decía lo siguiente.

“Acto seguido y de orden del señor alcalde, di lectura de una instancia suscrita por el oficial de esta secretaria D. Manuel Valencia Contador, en la que solicita el correspondiente permiso para trasladarse a Madrid, al fin de prepararse y tomar parte en las próximas oposiciones, para secretario de ayuntamiento, y al mismo tiempo, y en atención a los escasos recursos con que cuenta, para trasladarse a la Corte y atender a los gastos más perentorios que le ocasiona su permanencia en Madrid, es por ello, que pide, se le siga acreditando el haber que viene disputando hasta que termine dichas oposiciones, pues sin ello le es imposible llevar a efecto sus propósitos”.

Enterada la comisión de precitada instancia y, teniendo en cuenta que el interesado es hijo del pueblo y que hace ocho años entró de meritorio en concepto de escribiente en esta secretaría, donde ha permanecido sin interrupción hasta llegar a oficial de la misma, y en atenciones de su gran competencia en el desempeño de sus obligaciones laboriosas y amor al trabajo, y captándose por su gran comportamiento, atención y aprecio a este vecindario, se acordó por unanimidad lo que sigue.

Primero, el concederle permiso el tiempo necesario hasta que se verifique las próximas oposiciones de secretario de ayuntamiento.

Segundo, que durante su estancia en Madrid se le siga acreditando el haber de ciento veinte pesetas que viene disputando como oficial de esta secretaría.

Tercero, que para su satisfacción se le de oficio al interesado.”
Claros ejemplos de un consistorio al servicio de las necesidades de sus vecinos, tanto con el más débil como con el que no lo es. Un ejemplo más de estas dinámicas y solidarias acciones que ejecutaba el cabildo en este mes indicado, la descubrimos en el pago que se hace a Gregorio Sierra Sosa, por un ataúd para el cadáver del pobre José Correa González, quién pudo descansar en paz gracias a estos movimientos municipales. Gregorio Sierra Sosa no era el único carpintero que en esas fechas tenía Cheles, otro personaje encargado de hacer cajas o ataúdes para muertos en este mes que estamos tratando, era Luís Sierra, quién va a recibir veinticinco pesetas, por una caja hecha a la pobre Fabiana Núñez. Las muertes no paraban y en el mes de marzo de 1931, volvemos a tener noticias de nuestra transeúnte atendida por el ayuntamiento Felisa Ortiz. Las crónicas sobre ella son muy negativas. Los documentos nos hablan de la muerte de esta mujer y la necesidad de enterrarla, era pobre de solemnidad y el ayuntamiento tenía que correr con los gastos de su entierro, y para ello, dictaminará, que se mande hacer una caja para el cadáver a otro carpintero de la población, el señor Antonio Recio Ambrona, un ataúd que costó veinticinco pesetas.

Al menos, Felisa, pudo ser enterrada en compañía de los vecinos de Cheles que asistieran a su entierro, pero nos queda la duda si realmente su familia llegó a enterarse del deceso de esta pobre mujer, que tuvo que ser auxiliada hasta el último momento de su vida por el consistorio de Cheles.
El mes de marzo seguía avanzado y el pueblo intentaba sobrevivir en momentos no muy favorables para la mayoría de los vecinos, la gripe estaba actuando sobre sus cuerpos y muchos de ellos, pobres de solemnidad, no podían pagar lo medicamentos que necesitaban para sus curas. Hay una noticia al respecto, que nos sitúa, en la agresividad que el virus estaba causando en un cierto sector de la población y que preocupaba bastante al consistorio. El farmacéutico D. Rafael de la Rosa, famoso por el fusilamiento que sufrió él y su mujer en la plaza del pueblo en agosto de 1936, hablará y presentará al regidor, las diferentes recetas que ha administrado a los pobres de solemnidad, y que en momentos tan duros y difíciles para muchos vecinos, necesitaba de la caridad del ayuntamiento, para que se puedan pagar estas y seguir cumpliendo con la misión social que necesitan algunos vecinos. Las crónicas dicen lo siguiente:

“Se puso sobre la mesa las recetas extraordinarias de los medicamentos suministrados a los pobres no incluidos en la lista de la beneficiencia municipal, qué con motivo de la epidemia gripal que tiene invadido este pueblo, se ha aumentado extraordinariamente el número de enfermos que carecen de todo recurso para el pago de los medicamentos y que ascienden estos a ochenta y seis pesetas, según factura que acompaña a dichas recetas.

Enterada la comisión y después de un detenido examen de las fórmulas y teniendo en cuenta el estado de pobreza de los enfermos, el ayuntamiento entiende, que por no encontrarse incluidos en la lista de los que tienen derecho al suministro gratis de medicamentos, en teoría, a estos no se les podría facilitar los fármacos, cosa que entiende el consistorio, supondría una falta de caridad incalificable hacia esos pobres habitantes. Es por ello, que deciden acordar por unanimidad, se le paguen al farmacéutico titular D. Rafael de la Rosa las ochenta y seis pesetas.
Otros vecinos colaboraban dando leche a determinados enfermos, como fue el caso de María Martín Nazaret, a la que se le van a pagar treinta pesetas, por la leche facilitada durante treinta días a Dolores Angoña y su hija, por haber estado ambas enfermas de gripe.

Mientras estas desgracias personales a consecuencia de la gripe se vivián en la localidad en este mes de febrero, el día 28 de este mismo periodo, nos llega la crónica de que las escuelas de niñas que estaban situadas en una casa con el número 6 en la calle del Conde propiedad de D. Andrés Marín Troca, van a tener que dejar de estar ubicadas en dicho habitáculo. El dueño del inmueble solicita se rescinda el contrato con el ayuntamiento que termina el 30 de septiembre. El motivo de esta anulación es la venta del inmueble a D. Alberto Troca Oitenta.
   
Llegado el mes de marzo y motivado por las aguas que estaban cayendo, un trozo de la pared del cementerio se había derrumbado y era necesario poner un guarda para evitar que los perros entrasen y arreglar inmediatamente lo destruido.

En abril de este mismo año, Cheles va a tener la desgracia de ver como la niña Filomena Huertas va a morir a consecuencia de un accidente, y por motivos de la pobreza de su familia, van a tener que recurrir al consistorio para que les pague el ataúd. Luis Sierra será el carpintero encargado de ejecutar esta labor, no solo para la menor, sino también para la pobre Rosa Nolasco, recibiendo por ello cincuenta pesetas. La muerte de la muchachita de seis años, fue producida por una piedra caída de una pared, y que le costó la vida a la niña, miembros del ayuntamiento tuvieron que ir a Badajoz a dar parte de lo ocurrido.   

Como hemos podido observar en este artículo, la actuación de los que conformaban la comisión gestora del municipio, D. Carlos de la Rosa Correa, alcalde y D. Juan Rangel Herrera y D. Julio López Rodríguez, ambos tenientes de alcaldes, desarrollaron en estas fechas indicadas, una labor muy en la línea de solucionar problemas, no solo a personas que optaban por opositar y conseguir con ello su sueño anhelado, sino que también tendieron su mano, protegieron y ayudaron, en momentos difíciles, a los vecinos más pobres de la localidad.

El cometido de estos personajes termina con estas historias contadas, ya que inmediatamente después y con fecha cinco de mayo, se instaurará en Cheles una nueva Comisión Gestora formada por D. Cristóbal Aragüete Rodríguez, nombrado el 20 de abril de 1931 por el señor Gobernador Civil de la provincia para presidente, junto a D, Manuel Rodríguez Huertas y D. Gregorio de la Rosa Correa, que serán los nuevos barqueros que tendrán que llevar la barca municipal de esta población a buen puerto.

Queridos lectores, acercaros a la historia, porque los sucesos y crónicas del pasado son cultura, y la erudición  e ilustración, no son enemigas de nadie.

SED FELICES E ILUSTRAROS

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