Pan con Pan no Pringa
PAN CON PAN NO PRINGA
Al finalizar la primera guerra mundial, la pobreza extrema
cubrió a la inmensa mayoría de los países europeos, haciendo que muchos de sus
ciudadanos, mendigasen por los campos de sus localidades, esperando, con la
ayuda de Dios, el maná que tanto necesitaban para saciar sus débiles y
traumatizados estómagos. Esta realidad llevo, en muchos casos, a que la
presencia de la muerte de los más desfavorecidos, niños y ancianos, se
disparase en esas décadas de necesidades provocadas por el conflicto anterior.
Muchas localidades españolas y
entre ellas Cheles, van a coger el toro por los cuernos, e intentar, desde un
consenso entre propietarios y jornaleros, llegar a un acuerdo para que los que
están en edad de trabajar lo puedan hacer, y los propietarios de terrenos,
utilizar a sus vecinos, para las labores del campo que en la década de los años
30 del siglo XX se desarrollaban en la localidad.
Esta propuesta creada y dirigida
desde el ayuntamiento y que en otras poblaciones se estaba fraguando, se
comenzó a gestar en Cheles con el apoyo de un buen número de patrones y
jornaleros, que entenderán la necesidad de llegar a un pacto para dar algo de
esperanza y alegría aquellos hogares que sobrevivían, en muchos casos, gracias
a la naturaleza, y en otros, a golpe de latrocinio por las diferentes dehesas
del entorno.
En 1932 siendo alcalde del
municipio D. Justo Macías González, se va a poner en pie el primer pacto de
trabajo celebrado en Cheles entre patronos y obreros de esta localidad para
conjurar con el mismo, la durísima y bien insertada crisis obrera en la dermis
resquebrajada de esta población rayana.
Un acuerdo, que al menos, acerco
a las dos partes que conformaban la sociedad del momento, y que juntos
decidieron construir este firme y novedoso movimiento en pro de las buenas
relaciones y positiva convivencia del municipio. Había que organizar entre
todos los trabajos a realizar, salarios a pagar, y para eso se reunirían más de
cincuenta cheleros entre patronos y obreros, para firmar y aceptar las
condiciones que se ofrecían en esos momentos, como solución al problema.
El documento es claro y
contundente, y lo que más me atrae del mismo es: la convicción de todos para
conseguir unas bases que diesen forma a las necesidades de la población, ya que
anteriormente, al no existir estos acuerdos, cada uno pagaba a quién llevaba a
arar la tierra, a coger aceitunas, trabajar en la finca y en otros quehaceres o
faenas, retribuyendo lo que realmente pudiese o entendiere el patrón tendría
que dar como salario.
“En la villa de Cheles a veinticinco de septiembre de mil novecientos
treinta y dos, reunidos en estas Casas Consistoriales bajo la presencia del Sr.
alcalde D. Justo Macías González, los propietarios firmantes del presente y una
representación de los obreros, acordaron llevar a efecto el siguiente pacto a
fin de solucionar la crisis de trabajo existente en esta localidad: y para ello
se acordaron las condiciones siguientes.
Bases
1ª El reparto de los obreros se llevará a efecto con arreglo a
hectáreas de terreno que existan en este término municipal, garantizando el
trabajo a los obreros hasta el día 31 de enero próximo según el número de
peonadas que correspondan a cada propietario con sujeción a las hectáreas que
posea.
2ª el jornal que ganará cada obrero será el de 3 pesetas viniendo a
dormir a su domicilio y 3,50 durmiendo en el tajo.
3ª las horas de trabajo que han de emplear diariamente cada obrero,
serán las que señala la jornada mercantil o sea ocho horas diarias, siendo o la
ida o la vuelta por cuenta del patrón.
Y en prueba de conformidad firman el presente en la fecha antes
indicadas…
Aparece la firma del alcalde Justo Macías.
Base Adicional: siempre que se dé el caso, de que un vecino tiene tres
hombres aptos para el trabajo, uno de ellos trabajará durante la temporada que
se señala en el presente pacto, y otro trabajará mitad de temporada; asimismo,
los individuos que posean una pequeña propiedad trabajarán igualmente mitad de
la temporada”.
Hay queda para nuestra historia
local y universal, un hecho que se fraguo y que firmaron más de treinta
cheleros, para conseguir con ello, la regulación del salario laboral del
momento y cuyos firmantes aceptaron de muto acuerdo. A partir de ese pacto,
todo trabajador y todo patrón, sabrían que cuantía económica tendría que pagar
y recibir tras la jornada realizada. Los cheleros que firmaron este pacto
fueron:
Fidel Salguero, Manuel Rodríguez,
Carlos Caramelo, Manuel Troca, Manuel Sierra Marín, Remigio de la Rosa,
Cristóbal Sierra, Ramón Díaz, Juan Rangel, Alberto Troca, Marcelino Salguero,
Sixto Sánchez Nolasco, Juan González, Francisco Vivas, Manuel Sierra, Quintín
Rodríguez, Manuel Contador, Manuel Rangel, Emilio Cuello, Casto Herrera, Manuel
Sierra de la Rosa, Máximo Herrera, José Díaz, Feliciano Rodríguez, Juan Juárez,
Mario Contador, Juan Bañas, Mauricio Sierra, José Troca, Cristóbal Ambrona,
Eduardo Contador, Eduardo Sierra, Manuel Gómez y Andrés Marín.
Un momento histórico de Cheles
que no debemos de dejar pasar, porque nos pertenece su crónica y también
quienes la conformaron, demostrándose, que a veces, las buenas intenciones
abren caminos de entendimiento entre la población. Nos quedamos con este
mensaje de convivencia y actuación comunitaria en favor de uno de los valores
más importantes del hombre, el consenso y la participación de todos los
implicados en una causa justa y necesaria; Y es que los conflictos, como indica
el título de este artículo, se resuelven por consenso y no por la violencia;
pan con pan no pringa.
Que esta realidad histórica nos
sirva para poner en práctica el dialogo entre vecinos, la convivencia,
tolerancia y las buenas relaciones entre todos, dejando en los pozos y
mazmorras del olvido, todo aquello que divide o deteriora la conformidad y
coordinación de un municipio.
Queridos lectores, acercaros a la
historia, porque los sucesos y crónicas del pasado son cultura, y la cultura, no
es enemiga de nadie.
SED FELICES E ILUSTRAROS





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