Miscelaneas Cheleras
Misceláneas Cheleras
En nuestro anterior artículo dimos a conocer la realidad histórica de algunos antepasados esclavos de la villa de Cheles, que por ser nacidos en lugares diferentes al nuestro y tener un tono de piel distinta, fueron cazados como animales para ejercer en la localidad las funciones de servidumbre que a sus amos se le antojasen. Temática interesante sin duda, pero no es menos cierto, que amén de estos subyugados cautivos que en su día tuvieron su marcado protagonismo en la población, en Cheles ocurrieron otras noticias paralelas a las de los seducidos y oprimidos siervos africanos.
Hemos visto muchas veces por la carretera o caminando por el pueblo, la morena figura de mujeres gitanas pidiendo por las diferentes casas de la localidad, o instalada la familia calé sobre la verde hierba o el corto pasto del ejido municipal. Toda una fotografía insertada en nuestras retinas, que pone de manifiesto, que esta comunidad de personas han formado parte de la historia de nuestro entorno desde hace muchísimos siglos, teniendo la prueba más evidente en nuestra propia localidad. Transcurrían en la villa los principios del siglo XVII, cuando los vecinos de Cheles asistían a dos enlaces matrimoniales por el rito católico, siendo los protagonistas unos vecinos muy especiales de etnia gitana.
<<En 29 de noviembre de 1614 se casaron en la iglesia de Cheles Juan de Malla con María de Acosta, los dos gitanos estantes y residentes en la villa de Cheles confiriéndole las bendiciones nupciales según orden de la Santa Madre Iglesia. Fueron los testigos Alberto Fernández y Francisco Botello así como otros vecinos de esta villa, siendo cura de la parroquia D. Bartolomé de la Mata>>.
Cheles, un pueblo donde la convivencia era más que evidente, y estos dos ejemplos son más que suficiente de la clara aceptación del ser humano. Matiz que pone de manifiesto, que la sociedad del momento convivía sin prejuicios ni convencionalismos con personas de diferentes razas y tonalidades, dando con ello un claro ejemplo de tolerancia y flexibilidad hacia aquellos que hoy en día muchos de nosotros no aceptamos o nos cuesta admitir como tales en algunos núcleos de nuestra moderna colectividad.
Un prototipo más de admisión, consideración e integración de personas en una comunidad local, lo tenemos en el siguiente registro de nuestra población.
<<El 14 de mayo de 1627, recibió D. Bartolomé de la Mata de palabras de presente, a Juan de Aranda quien se casó con Violante de Aparicio ambos gitanos estantes y residentes en la villa de Cheles, confiriéndoles a ambos las bendiciones Nupciales>>.
Consideración, deferencia, atención, cortesía y miramiento, fueron valores humanos proyectados en épocas anteriores por los vecinos de la villa, donde el reflejo y la reverberación de los mismos se pueden percibir y examinar en los documentos presentados. Que estos grandes tesoros del ser humano sigan estando vigentes en nuestra sociedad como motores de la convivencia y la cohabitación frente a la aprensión, el recelo y el miedo, que a veces se apodera de nuestras mentes ante la presencia de una persona de raza determinada o naturaleza precisa.
El Matusalén de Cheles
Estas últimas generaciones de Cheles (dentro de las cuales me incluyo), hemos podido disfrutar y presenciar uno de los acontecimientos de vida más excepcionales dentro del mundo de la senectud y la longevidad de una persona dentro de la población. La Señora Mariana Fortis, mujer vecina de la villa, hoy ya fallecida, conseguía vivir nada más y nada menos que 108 años siendo sus mejores aliados, la supervivencia en momentos difíciles, la persistencia en sus hábitos alimenticios y una genética vitalidad propia de su robusta y vigorosa naturaleza.
Los que la hemos conocido podemos “creer y afirmar”, qué hasta el momento, es el personaje vetusto que más años ha durado trabajando, conviviendo y paseando junto a sus paisanos por las calles de su pueblo de acogida, y ser la mujer que ostenta el récord, que más años ha durado con vida. Ahora bien, cuando comenzamos a investigar dentro de los libros de registro parroquiales donde las defunciones habidas en la localidad son las protagonista, podemos descubrir y afirmar, que la plusmarca de mayor número de años vividos en Cheles no la ostenta la Señora Mariana Fortis.
En el año 1574 va a nacer en la ciudad de Évora un niño a quienes sus padres pondrán por nombre Manuel, llevando como primer apellido López. Este dato lógicamente lo saco restando los años vividos por dicho personaje al año de su fallecimiento, dando matemáticamente su periodo de natividad. Me quede sorprendido al leer las anotaciones del sacerdote de la villa, cuando escribe lo siguiente sobre D. Manuel López.
<<En la villa de Cheles, en el día 29 de agosto de 1689, murió Manuel López teniendo la edad de 115 años, hombre viudo de María Méndez y natural de la ciudad de Évora, quién recibió los Santos Sacramentos de la Penitencia, Eucaristía y Extremaunción; no testó por ser pobre, está sepultado en sepultura de la fábrica, lo enterré yo el sacerdote D. Miguel de Cañas>>.
Deslumbrante y apoteosico la perdurabilidad de D. Manuel López, sobre todo, en años donde enfermedades como la peste bubónica o el tifus, fueron fuertemente devastadoras. Una población que vivía con una higiene deficiente, donde la carencia de instalaciones sanitarias era una realidad y donde la depuración de aguas residuales brillaba por su ausencia. No menos importantes, serían las diferentes infecciones producidas por portadores como ratas, chinches y garrapatas, potentes inoculadores de graves enfermedades como las mencionadas. Precisamente en ese espacio de tiempo donde las habitaciones a oscuras favorecían la tuberculosis, y donde la viruela fue la responsable del fallecimiento o la desfiguración de una de cada diez personas en Europa, nos encontramos con el hombre que más años ha vivido en nuestra localidad: Manuel López, el longevo Matusalén de la villa de Cheles.
Espero que estas pequeñas pero reales historias de nuestra querida y amada villa, sirvan para animar a niños, jóvenes y adultos, a adentrarse en este mundo apasionante de la investigación histórica, donde la realidad documentada y redactada para conocimiento del resto, pueda ser un maridaje, un vínculo o fusión cultural, donde los actores protagonista sean nuestros antepasados y los actuales vecinos de Cheles.
El Ahogado Asesinado de Cheles
Han sido muchas las personas de Cheles que a los largo de los siglos murieron ahogadas por accidente o suicidios en nuestro ya desaparecido río Guadiana. Ese tema será el que trataremos en nuestro próximo artículo, dentro del periódico escolar elaborado por los alumnos del Colegio Público Virgen de la Luz.
De momento y queriendo por mi parte dejar un pequeño avance de lo que conoceremos próximamente, quiero compartir con vosotros la historia de un adolescente de la villa de Cheles, de 14 años de edad, quién apareció flotando en las aguas del río, presuntamente y a primera vista, por haberse caído al mismo y haber fallecido por no dominar las artes de la natación. Lo cierto es, que el pubescente muchacho fue enterrado el 22 de junio de 1891, y la sorpresa del documento a presentar es, que los hechos acaecidos y que a primera vista todo apuntaba a un ahogamiento en el río por posible accidente, las inspecciones del médico de la villa y del sangrador demostrarán, que el cuerpo encontrado del imberbe mozo no sucumbió por ahogamiento sino por otras razones mucho más serias. Esto cuenta del caso la documentación encontrada.
<<Habiéndose verificado la autoría del cadáver que en la mañana del día 21 del corriente apareció ahogado en el Guadiana y que resultó ser de Ramón Pitera González, hijo de Juan y Violanta, de 14 años de edad, de cuya autoría según declaración de los que la realizaron se desprende lo siguiente.
D. Fernando Rodríguez Madora, Médico titular de esta villa de Cheles y Cristóbal Falcato, sangrador Flebetomítico, resulta que la muerte fue producida a consecuencia de asfixia por estrangulamiento ignorándose el día y hora que pudiera tener efecto. Se le dio sepultura eclesiástica al citado cadáver previa a las preces que obliga el ritual romano.
Cheles 22 de junio de 1891. Firmado Joaquín Manzano>>.
En el documento no se nos dice la autoría del asesino o asesinos que perpetraron el estrangulamiento del adolescente Ramón Pitera, lógico parece, cuando estamos ante un libro de registros de defunciones parroquiales. ¿Quién sería el homicida o criminales de tan salvaje tragedia humana? Quizás una investigación más profunda en archivos judiciales nos pueda dar la respuesta. De momento nos conformamos con lo que tenemos, y como diría el escritor alemán Michael Ende en los diferentes capítulos de su novela fantástica La Historia Interminable, “eso ya es otra historia a contar”.
Queridos lectores, acercaros a la historia, porque los sucesos y crónicas del pasado son cultura, y la cultura, no es enemiga de nadie.
SED FELICES E ILUSTRAROS


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