María de la Concepción. Una Chelera de "Armas Tomar"
María de la Concepción, una Chelera de “Armas Tomar”
Actualmente, la familia
patriarcal puede aparecer borrada por la evolución de la sociedad; en sus
orígenes, convirtió a la mujer en objeto propiedad del hombre; el patriarca. Al
jefe pertenecían los bienes materiales de la familia y sus miembros, pasando la
mujer de las manos del padre a las manos del esposo, teniendo ambos plena
autoridad sobre ella, pudiendo decidir incluso sobre su vida. La mujer estaba
excluida de la sociedad, formaba parte del patrimonio de la familia, siendo
relegada a la función reproductora y a las labores domésticas.
Solemos escuchar actualmente y
siempre gracias a los medios de comunicación, como muchas mujeres son
maltratadas por sus maridos, llegando en algunos casos, a producir la muerte de
estas.
El tema que planteamos en este
artículo tiene mucho que ver con el mundo del maltrato desarrollado durante el
matrimonio, donde no siempre era la mujer la que sufría los insultos y palizas
a manos de su esposo, sino que a la inversa también sucedían.
María de la Concepción, era mujer
de “armas tomar”, una esposa natural de Cheles, que nunca dejó que su marido la
humillara ni le quitase un gramo de su libertad de decisión dentro del
matrimonio. Tuvo que ser la justicia eclesiástica la que la hiciera
recapacitar, para que dejase los modos y palabras que utilizaba contra su esposo.
Una realidad que se vivió en Cheles y que con fecha 27 de marzo de 1729, se
abrieron autos contra esta chelera, “por su mala conducta dentro de su
matrimonio”. El proceso que se fraguo decía cosas como las que siguen.
27 de marzo de 1729
D. Manuel García de la Vega, canónigo rectoral de la Santa Iglesia
Catedral de la ciudad de Badajoz, visitador general de las vicarías de
Fregenal, Burguillos, Barcarrota y los Baldíos expone.
Porque se nos ha dado noticia que María de la Concepción, vecina de
esta villa de Cheles, con poco temor de Dios, en gran cargo de su conciencia y
en menosprecio de la recta justicia que se administra, vive escandalosamente y
maltrata de manos y palabras a su marido Francisco Fernández de Aguilar, del
que resulta estar separado.
Falta al estado del matrimonio y aunque ha sido corregida y amonestada
por los predicadores cuaresmales y el propio cura de la villa en diferentes
ocasiones, no ha tenido efecto dichos reproches sobre la acusada, estando aún más
pertinaz en su modo de vivir. Que para remedio de ello y justificar la verdad,
mandamos hacer esta cabeza de proceso y que se examinen los testigos que sobre
justificación de lo referido pudieran destacar; y para ello comparecer ante su
ilustrísima para ser examinados.
Dado en la villa de Cheles a 27 de marzo de 1729.
Testimonio de Francisco Jorge
En la villa de Cheles y para justificación de la cabeza del proceso, se
hizo comparecer a Francisco Jorge alias el “Ranazo”, vecino de esta villa, quién
ante el notario y su ilustrísima, juró en sacramento a Dios y a una cruz
prometiendo decir la verdad.
Preguntado por la cabeza del proceso dijo: que sabe y le consta, que
María de la Concepción, vecina de esta villa, mujer de Francisco Fernández de
Aguilar, trata de manera muy mal de mano y de palabra a su marido. Que con ello
da escándalo ante los vecinos y que cada uno vive por separado en diferentes
casas no haciendo vida matrimonial. Dijo, que esa era la verdad bajo juramento,
contando lo mismo dos testigos más que fueron: Pedro Gómez y Justo Rodríguez.
Habiendo visto el auto el señor vicario general contra María de la
Concepción y, observando sobre todo la separación y falta de convivencia del
matrimonio en contra de lo establecido por dicho sacramento marital, ordena
este tribunal: que el cura párroco de Cheles tramite la siguiente información a
la acusada: que María de la Concepción se junte con su marido y haga vida
marital con él como lo hacía antes. Que está obligada a ello por el sacramento
del matrimonio, y que tiene que surtir efecto lo indicado dentro de seis días
al de la notificación.[1]
Dudo mucho que nuestra
protagonista cambiara su actitud ante "el patriarca" de la casa.
María de la Concepción rompía con
su actuación los valores establecidos del momento, donde el estar supeditada al
varón convirtiéndose en su sombra, solía ser lo establecido en cualquier
matrimonio. La función que debería realizar para que fuese bien vista ante los
ojos que controlaban el momento del que hablamos, consistiría en hacerle
agradable la vida a su esposo, cuidar de la casa, engendrar sus hijos,
procurarle placer y cumplir con la Iglesia, “era el reposo del guerrero”.
El hombre ordenaba, prohibía y
podía maltratar a su mujer, por que eso le daría un cache varonil ante los ojos
de los vecinos, y sobre todo, el aura de ser un hombre honrado y respetado
dentro del seno familiar. La mujer pasó a depender, hasta para su propia
supervivencia, del varón; primero del padre y luego del marido, y acabó
convirtiéndose en un bien comercial que consistía en una propiedad que se
adquiría por contrato.
Investigando los documentos
matrimoniales del siglo XVIII en Cheles, te puedes dar cuenta, como en algunos
matrimonios la diferencia de edad era abismal. Era como un trueque, ella le
daba juventud, belleza y virginidad y él a cambio, seguridad económica.
María de la Concepción se situó
en un marco fuera de la ley del momento, lo que la llevó a tener que acatar la
sumisión y el cohabitar con el hombre que se había casado. ¿Qué razones tendría
para actuar de esa forma? No lo sabemos, aunque el documento nos da a entender
de forma certera y contundente, que algunas mujeres, a pesar de la presión
social del momento, se pasaban las normas establecidas por el arco del triunfo.
Expongo este tema para defender al
hombre y a la mujer ante situaciones donde el maltrato viene dado por alguno de
ellos. El hombre tiene que comprender, que la inteligencia no tiene sexo. Hoy
en día, cada vez hay más iniciativas de las mujeres a promover nuevas empresas,
algo normal e impensable unos años atrás. Ver hoy en día a una mujer como
empresaria o directiva es habitual y tan competitiva como lo pueda ser un
hombre, a pesar de llevar menos años de rodaje. Además, con las nuevas
tecnologías, la fuerza física del hombre no es tan prioritaria. Hay que luchar
por una apertura de la sociedad y conseguir la igualdad de oportunidades y
derechos en ambos géneros. El relegar a las mujeres al papel tradicional de las
tareas de la casa y otros movimientos, ha sido algo que ha perjudicado a ambas
partes. Tenemos que cambiar el encastillamiento con ayuda de los hombres.
La misión de este artículo ha
sido, el traer a la memoria algunos hechos ocurridos como el caso de María de
la Concepción y el maltrato a su marido, para que no vuelvan a suceder hechos
como este nunca más entre hombres y mujeres. La cultura en el hombre y la mujer
va a ser sin duda, el mejor cauce y vínculo para desarrollar la verdadera
convivencia en el matrimonio y fuera del mismo. Apostemos por ella. El maltrato
se destruye con la cultura y la evolución que viene dada por esta materia. La
mujer y el hombre no han nacido para que se les comprenda, sino para que se
amen.
Queridos
lectores, acercaros a la historia, porque los sucesos y crónicas del pasado son
cultura, y la cultura, no es enemiga de nadie.
SED FELICES E ILUSTRAROS

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