LA PANDEMIA DE GRIPE EN CHELES (BADAJOZ) EN 1918


LA PANDEMIA DE GRIPE EN CHELES (BADAJOZ) EN 1918



Actualmente y en estas fechas en la que escribo este artículo, Cheles y una gran parte del mundo, están sufriendo las consecuencias de una pandemia de gripe llamada Coronavirus, cuyas consecuencias en la sociedad son más que evidentes.
Esta realidad me hace recordar y me traslada al Cheles de 1918, cuando la aparición de otra pandemia de gripe hizo estragos en muchísimos países del mundo, y entre ellos España y, por ende, en la población de Cheles.

La influenza o gripe española, que recibe su nombre por haber sido estudiada y seguida su incidencia en España con mayor intensidad que en otros países, fue la epidemia más grave de todas las que se sufrieron en el siglo XX, llegando a matar en 1918 en torno a 40 millones de personas en todo el mundo.

A diferencia de otras cepas de la enfermedad, que tradicionalmente afecta con más intensidad a niños y ancianos o a grupos de edad comprendida entre los quince y los sesenta años con enfermedades crónicas –especialmente de tipo respiratorio-, la de 1918 atacó con gran virulencia a jóvenes y adultos sanos –entre 15 y 45 años-, provocando entre estos, más víctimas que la misma primera guerra mundial.

La situación higiénico-sanitaria fue determinante, en buen grado, para la aparición de condicionantes en el desarrollo de enfermedades y epidemias. Muchas zonas de la población servían de basureros y estercoleros, apenas existía red de saneamiento, las calles poco empedradas y sucias por los excrementos de los animales y las inmundicias que sobre ellas se arrojaban junto a otros fenómenos, fueron vínculos suficientes, para que el virus se comportase de manera muy agresiva.

El agua empleada para la higiene y el consumo provocaba la extensión de enfermedades que encontraba en ella una importante vía de difusión al surtirse el vecindario de aguas insalubres. En las casas, algunas habitaciones no tenían ventilación directa, solían vivir dos y tres familias en la misma casa, causando con ello un problema de hacinamiento.

Muchas viviendas contaban en sus corrales con graneros y pajares, alojándose los animales que se utilizaban en las labores agrícolas como aves de corral y cerdos, que convivían con los habitantes de la casa, siendo muy frecuentes los estercoleros.



Otra incidencia negativa eran las aguas estancadas que proliferaban por la población, pequeños arroyos la circundaban, con charcas que mantenían sus aguas buena parte del año impuras y contaminadas. Los productos habituales de consumo no aportaban todos los componentes que el cuerpo humano necesitaba. La dieta alimenticia estaba muy desequilibrada, de mala calidad, generalmente escasa, y ocasionalmente inexistente, perjudicando a los mecanismos de defensa del cuerpo. Junto a ello, los enfermos no encontraban en la asistencia médica la solución a sus males. El atraso en el que estaba inmersa la medicina de la época y el escaso número de profesionales que la ejercían, eran las causas de esta situación. Tengamos presente que la penicilina no fue descubierta por el escocés Fleming hasta el año 1928, pero su utilización terapéutica no se inició hasta el año 1943. Cualquier infección hacia verdaderos estragos en los pacientes.

En Cheles se aprobaron por parte del ayuntamiento, gastos extraordinarios para adquirir aparatos desinfectantes y material médico, así como la compra de un local donde concentrar y asistir a enfermos y convalecientes –a fin de evitar una propagación aun mayor del virus-. También se dio el visto bueno para la contratación de personal que se encargase de desinfectar espacios públicos e instalaciones, y para comprar “vacunas y sueros de distintas clases para tratar el mal y evitarlo.

Con fecha 14 de julio de 1918, llegó al ayuntamiento de Cheles una circular con las siguientes obligaciones: “que todo ayuntamiento tenga prevenido para antes del día primero de agosto, un local destinado a Estación Sanitaria donde meter a los enfermos infectados, a menos de cuatro km de la población. Algo que para el ayuntamiento era meramente imposible desarrollar, pues no tenía fondos para tal obra. Al final se hizo un cortijo para este fin en la finca de la Coitada.

Cheles estaba aterrorizado por la realidad gripal que se estaba sufriendo. Más de setecientas personas fueron afectadas por el virus, muriendo un total de veinticinco en unos cuarenta días.

El ayuntamiento con fecha 8 de diciembre de 1918 dictamina lo siguiente en un pleno celebrado para anunciar el fin de la epidemia gripal.

“El señor alcalde hace uso de la palabra en dicho pleno, dando cuenta, de haberse extinguido la epidemia gripal que ha tenido aterrorizado a este vecindario por espacio de cuarenta días. Lamentamos las vidas que ha arrebatado, y podemos congratularnos, que no hayan sido más de veinticinco las defunciones, dada la importancia del número de atacados que se alzó a unas seiscientas personas.



Esto obedeció sin ningún género de dudas, a la asistencia facultativa que no ha faltado un instante, pues cuando se temía que el médico de la localidad, por el exceso de trabajo cayese enfermo, se recurrió a nuestro paisano D. Juan Díaz Ambrona que se personó en el Gobierno Civil de la Provincia, reclamando de la primera autoridad un médico que auxiliara al del pueblo, así como medicamentos, leche condesada y leche de vaca, pues se carecía de ella.

Gracias a esta intervención, el señor gobernador mandó medicamentos precisos y las cajas de leche condesadas, doscientas cincuenta pesetas más otras ciento cincuenta que donó para la causa D. Juan Díaz Ambrona, y los Condes de Via-Manuel, que también contribuyeron, con quinientas pesetas cada uno. También aportaron ayuda otros vecinos de la localidad, cuyos nombres y cantidades aportadas constaba en la lista formada al efecto.

El ayuntamiento quiere tener en consideración muy destacable, al farmacéutico D. Rafael de la Rosa, a él escribiente de la secretaria D. Juan Ambrona Marín y a D. Emiliano González Falcato, quienes son dignos de elogios por los servicios que han prestados en beneficio de la salud pública. El primero en el despacho de las innumerables recetas que diariamente tenía, y los otros dos, llevando la dirección de los servicios y saliendo casa por casa a recabar fondos para la suscripción.

También se reconoció la soberbia actuación del médico oficial del pueblo D. Eusebio Postigo Oria, a quién según todo el pleno reconocen, que merece un acuerdo aparte el comportamiento de dicho facultativo durante el tiempo que nos vimos invadido de la terrible enfermedad.

El citado médico, hasta que llegó otro compañero el día nueve de noviembre último, visitaba a más de seiscientas personas atacadas de gripe, no quedando ni uno solo sin asistencia facultativa. A los graves visitaba día y noche, no quedándole tiempo ni para alimentarse, pues desayunaba al salir a visitar y hasta las cinco o seis de la tarde, de paso por su casa, no se detenía más que a tomar una taza de café, continuando su meritoria tarea hasta las once de la noche que terminaba. Cuando se hallaba descansando del rendimiento que ocasiona el trabajo descrito, no hubo madrugada que no le llamasen dos o tres veces por agravación de sus enfermos.

Pero no fue lo expuesto lo que coloca al señor postigo en el máximo del altruismo, saben todos los señores concejales, que cuando el número de atacados llegó a la cifra ya mencionada, cae con la enfermedad epidemial la señora del facultativo, una hija, su madre y hermana. Salía a su hora a visitar a los enfermos y no volvía hasta las cinco a estar y atender a la familia afectada. Así lo reconoció el médico militar D. Aurelio García de Castro, que estuvo a visitar unos soldados enfermos que prestaban servicio en el cordón sanitario y D. Jaime Pous, médico que mandó el señor gobernador civil de esta provincia.



Gracias al trabajo de estos médicos y ayudantes, Cheles solo tuvo veinticinco defunciones, mientras que en pueblos cercanos tuvieron más de 80; por todo lo expuesto propone el ayuntamiento, tome en consideración los hechos que se expresan anteriormente y acuerden solicitar del excelentísimo señor ministro de la gobernación, le sea concedida la cruz de beneficencia al facultativo D. Eusebio Postigo y Oria, dando con ello una prueba de gratitud y cumpliendo así el sentir de este vecindario”.

Esta realidad que les tocó vivir a nuestros paisanos en 1918 nos pone de manifiesto, qué teniendo la pandemia del coronavirus en época actual, se siguen repitiendo muchos matices que se usaron en 1918. No voy a nombrarlos, ya que entiendo, que muchos de ustedes pueden ver las connotaciones similares a las actuales acciones que se están tomando en pro de la prevención de la pandemia de gripe que nos acecha.

Según algunos testimonios de personas ancianas de Cheles que les contaron sus padres aquellos momentos vividos, muchos de los considerados muertos, eran prácticamente enterrados vivos, ya que se temía pudiese infectar a otros. Algunos enterradores contaban, como algunos cuerpos se movían en el interior de la fosa, sintiendo sobre su cuerpo la brusca caída de la tierra sobre su supuesto cadáver.

Queridos lectores, acercaros a la historia, porque los sucesos y crónicas del pasado son cultura, y la cultura, no es enemiga de nadie.

SED FELICES E ILUSTRAROS


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