La Honra Deshonrrada de la Moza Chelera María Marcela
La Honra Deshonrada de la Moza Chelera María Marcela
Una calumnia, es la acusación o imputación falsa hecha contra alguien con la intención de causarle daño o de perjudicar. Eso mismo fue lo que le ocurrió a una moza de buena familia en la villa de Cheles. El sicofante y murmurador fue un capellán, alguien que olvidó su ministerio y su más sagrada misión en la población, faltando el respeto con sus mentiras a María Marcela, la moza difamada.
Decía Cicerón: que nada corre tanto como la calumnia, nada se lanza con más facilidad, se acoge con más presteza y se difunde tan ampliamente.
“Cheles año 1764. Sobre la conducta de Pedro Barriga
En la ciudad de Badajoz a 22 d enero de 1764, el Obispo Manuel Pérez Minayo dijo: que se haya informado, que el vecino de Cheles Pedro Barriga, de oficio barbero sangrador, con poco temor de Dios y olvidado de las obligaciones cristianas, hace mucho tiempo tiene trato ilícito con cierta mujer vecina de la villa. El párroco de Cheles les ha dicho, no en una sino en varias ocasiones, incluido quién relata durante la visita pastoral a la villa, su mal comportamiento por el que tiene escandalizado al vecindario.
Por todo ello, ordeno a D. Francisco de Vera, cura párroco de Cheles, juez y notario, examine juramento precedente con tres o cuatro testigos fidedignos al tenor de este auto de oficio, haciéndole las preguntas y repreguntas necesarias, y que convengan para la averiguación de lo cierto.
Escrito remitido por el cura de Cheles al Obispo.
A 27 de enero de 1764, yo D. Francisco de Vera Morales, cura propio de la parroquia de esta villa, ordené a los señores Domingo Luís, alcalde ordinario, Juan de la Rosa y Bartolomé Marín Rivera, gobernador de esta villa, para que viniesen a mi presencia a testificar sobre la presunta mala vida de Pedro Barriga; sabiendo, qué si no lo hacen, serían penados con excomunión mayor y expulsados del seno de la Iglesia.
Bartolomé Marín Rivera: juró ante mí con una señal de la cruz diciendo: que conoce a Pedro Barriga, que es vecino de Cheles, Casado, de oficio barbero sangrador, que cura algunas enfermedades y que es hombre que tiene buena amistad con todo el vecindario por su trabajo. Es cierto que antes de la visita del Obispo a la villa corrió el rumor, de que andaba mal entretenido el dicho barbero, con María Marcela, moza soltera, e hija legítima de Juan Romero, vecino de esta villa y escribano en ella. Qué en su familia son todos muy honrados y que nunca han dado que decir ni en su casa ni en otra alguna, por todo lo cual, no creo que ese rumor que se escucha en Cheles sea verdad. Creo que los comentarios que se oyen, la única finalidad que tienen es la de quitar la honra a esta joven muchacha con poco temor de Dios de quién lo dice.
Esta moza vive como la más recogida y recatada del pueblo. Una noche estando tomando el fresco en los asientos de la Cruz Blanca Juan Dorado, sacristán y padre del capellán de la villa junto a unas mujeres, llegaron D. Vicente Ambrona, oficial de libros y el referido Pedro Barriga, y al escuchar el comentario que se estaba oyendo, D. Vicente Ambrona dijo: qué si se lo hubiesen levantado a él le hubiese quebrado la cabeza a quién lo hubiere dicho.
Al día siguiente llamaron al barbero para que fuse a toda prisa a visitar un enfermo en la calle de los Cacheros y atender aun amasador del señor conde que también estaba en la misma circunstancia. El barbero pasó a toda prisa por la plaza para ir a dicha calle, y encontrándose en ella el capellán que atiende la capilla de los señores de Cheles, este se escondió en uno de los rincones de la iglesia. Al salir el barbero de la casa del conde por la puerta que da a la iglesia, le entró ganas de hacer sus necesidades, y tras una carreta que estaba en las traseras de la casa de los condes, se puso a dar de cuerpo. Al verlo el capellán se acercó diciendo en voz alta: “¿quién está detrás de la carreta?”, contestándole el barbero, que coño le importaba a él. Ante esta contestación el capellán alzó aún más fuerte la voz y con un bastón que tenía, comenzó a darle golpes al barbero y a insultarle con fuertes palabras. Sus grandes voces alborotaron al pueblo. El capellán decía a gritos: “que el barbero había estado con la moza María Marcela debajo de la carreta”.
Ante tal alboroto el capellán fue llamado a presencia del cura para decirle: que lo que había dicho era materia muy delicada, ya que la honra de una moza estaba en juego. El cura amenazó al capellán con llevarlo ante el juez eclesiástico de Badajoz sino decía la verdad, diciéndole: “padre, mire que una honra vale mucho y no se puede ensuciar de esa manera”, a lo que respondió este, “que a la moza no la vio y que solo pudo ver al barbero, pero que detrás de la carreta salió otra persona”.
El capellán fue hasta jerez a visitar al conde de Cheles para que echase fuera de su villa al barbero.
Después de la sumaria realizada en casa del cura, nunca más se escuchó hablar a nadie de la mala fe del capellán de Cheles.
Cheles, a 31 de Agosto de 1764.
Todos tranquilizaron, aunque en la mente de María Marcela, la moza calumniada, quedaría la inseguridad y el mal trago, de que quizás el rumor no se hubiese apagado, sino que quizás siguió su curso en los mentideros más usados de la localidad. Y es que ya lo dice el refrán: “A sol madrugador y cura callejero, ni el sol calentará ni el cura será Bueno.”
Queridos lectores, acercaros a la historia, porque los sucesos y crónicas del pasado son cultura, y la cultura, no es enemiga de nadie.
SED FELICES E ILUSTRAROS

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